Monday, December 28, 2009

SENTADO EN SU INOLVIDABLE Y ETERNO SILLÓN, EN LA PENUMBRAS DE SU DESOLADO ESPACIO Y SU PROPIO TIEMPO, ÉL SEGUIA CON UN CIGARRO EN LA MANO DERECHA Y EL VASO DE Whisky en la izquierda, apoyado es sus codos, encorvado hacia adelante, con la mirada fija, esperando, que ese infinito horizonte negro y nublado que contemplaba por su ventana, terminara de una vez.

Sus ojos de color claro, ya se perdían en sus pupilas dilatadas de tanto estar en la oscuridad, viciada por el humo y el alcohol. Esperando, siempre mirando aquel horizonte, el amanecer que tanto se deseaba y soñaba con los ojos abiertos.

Esa noche estaba más oscura de lo normal, él pensaba mientras le daba una pitada a su cigarro interminable. Prácticamente, no se veía mas allá de la ventana, y solo podía distinguirse desde afuera la brasa, que subía y bajada de su boca, junto el blanco de sus ojos que brillaban a la lejanía.

Estaba tomando un sorbo a su whisky, cuando, en ese preciso instante, el cielo, que durante tanto tiempo observó, comenzó a ponerse de color rojo fuerte e intenso, como si estuviera vivo, deformado por las nubes, generando formas e imágenes raras, tenebrosas. Había una gran guerra en esas alturas. Por un momento pensó en todos los males y en que se avecinaba una tormenta de lágrimas de sangre, que finalmente, el infierno se había apoderado de su realidad, y que simplemente, ya había muerto en su eterno sillón.

Apoyo el vaso junto al sillón y apagó el cigarrillo en el cenicero que tenia sobre su apoya brazos. Se recostó hacia atrás, y se dispuso a conciliar su gran pesar y sueño, pensando que todo había acabado finalmente y que ya no tenía porque seguir en su eterna soledad, en su propio calvario. Empezó a recorrer en su mente el camino que había zurcado, pero no lograba recordar el motivo por el cual se había encerrado en su propio ser, dentro de esa habitación, en ese infinito y confortable sillón. Del océano de lágrimas que alguna vez había llorado, solo quedaba gran un desierto de olvidos.

Pasaba el tiempo, y el aún con los ojos cerrados, seguía pensando, por miedo a abrirlos y encontrarse con lo que él pensaba sería el infierno, pero solo recordaba la oscuridad y tristeza que lo rodeaba. Sin embargo, empezó a sentir que el aire a su alrededor, dejaba de ser agobiante, sintiéndose cada vez mejor, más vivo. Empezó a creer que no había ido al infierno, sino que estaba yendo hacia un lugar mejor. Tomó fuerzas, y lentamente abrió sus ojos.

Pudo hacerlo por escasos segundos. El color dorado del sol y la luz, lo lastimaban infinitamente. Le costó un tiempo poder abrirlos finalmente. Frente a él, las ventanas estaban abiertas, después de quien sabe cuánto tiempo, dejando entrar el viento y la luz. La oscura noche, estaba dando paso a un horizonte limpio, celeste, amanecía nuevamente; el sentía en su corazón como la alegría y las ganas de vivir lo invadían. Y delante de él, finalmente pudo observar, como se iba dibujando la silueta de una mujer, de túnicas blancas y cabellos rubios como la luz del sol, que reflejaban toda la luz que se acercaban a ellos.

Ella se acercaba a él lentamente. Su piel, oscurecida por el tiempo, el humo y la noche, iban cambiando su color por uno más naranja, dejando de ser el color de la muerte acechante, por el de la vida apremiante. Sus pupilas se achicaban con cada segundo que pasaba, y dejando ver sus ojos celestes, claros como el mar, y, que en ese momento, solo veían el elemento más hermoso de la naturaleza que delante de él se situaba, a escasos pasos ya.

Sus pensamientos dejaban de ser lúgubres, negativos y del pasado, convirtiéndose, en oportunidades, anhelos y futuros mejores. Se preguntaba el nombre de ese ángel, si es que existían, que estaba delante de él. Por esos momentos dejaba de ser tan racional, dejando fluir sus emociones, guiadas por sus sentidos y sentimientos en desuso.

Trataba de levantarse de ese sillón, cuando en ese instante, alzó nuevamente la vista, y tuvo el rostro de ella al lado. La vergüenza invadió su frágil cuerpo y no pudo sostener su mirada con la de ella, que lo miraba fijamente. Sentía como lo observaba, y como el dulce y tibio aire de los respiros de ella le acariciaba la cara, acercándose en cada momento a su oído. El escalofrió que sentía era terrible, pero así mismo, se daba cuenta que su cuerpo entumecido se iba despertando.

Cuando ella llega a su oído le susurra, casi imperceptiblemente con la voz que él alguna vez pensó serían la de sus diosas, ven conmigo y se alejó lentamente. Mientras lo hacía, su dedo índice iba rozando su cuerpo, subiendo desde su estomago hasta su mentón, pasando por su pecho y cuello.

Sin pensarlo, sin esforzarse, su cuerpo se fue levantando, como flotando en el aire. Su cuerpo estaba lleno de alas, y volaba junto a ella, pero solo podía ver sus rubios cabellos que lo abrazaban, su larga túnica blanca lo abrigaba, y sus ojos y mirada lo hacían perder en sus pensamientos y alegría.

Cerró sus ojos, y viajó junto a ella, ese tiempo que parecía eterno, soñaba con placeres y horizontes libres de tormentas.

Estaba comenzando un nuevo colorido viaje.

J.A.C

Gracias por sacarme de las tinieblas

Thursday, June 18, 2009

Una Muerte

Era un anochecer de invierno. Estaba lloviendo, suave, era un día triste. El estaba en su departamento, viendo por la ventana como su balcón y plantas que tenía colgadas se mojaban.

Tomaba su taza de café, solo en la mesa de la cocina. Sus ojos eran color gris, como ese día. Sus pensamientos estaban en el aire. No había música, no se escuchaba gente ni autos por las calles. Estaba solo con su mente.

En sus idas y vueltas, por su inconsciente, solo pensaba que esa era la noche. Que esa noche finalmente lo haría. Esa noche lo asesinaría.

Se levanto lentamente de su vieja silla de madera, tomo la taza con su mano izquierda, la enjuago rápidamente y la dejo secando sobre la mesada. Dio media vuelta, y con esa tranquilidad que lo seguía, se dirigió hacia el living, tomo su abrigo, un sobretodo largo, marrón, abrió el armario, el único que tenía en esa parte del departamento, y tomo un arma que guardo en uno de los bolsillos.

Salió del departamento, con la cabeza baja, mirando el suelo, pensativo, con los hombros caídos, como si llevara el peso del mundo sobre sus hombros. Pasos lentos y seguros hacia. Como si cada uno lo incriminara, lo lastimara. Su cara lo acompañaba en todo ese pésame.

Bajo por el ascensor. Esos viejos, chicos, donde entran solo dos personas, y cada piso que baja parece que sea el último y que se va a quedar ahí, atascado. Por momentos lo desea. No quiere seguir, busca una excusa. Pero el ascensor no para, solo en la planta baja, el lugar justo donde tenía que hacerlo.

Paro en la puerta del hall de entrada al edificio, miro un instante por la ventana, se veía muy frio, como el arma que llevaba en el bolsillo y acariciaba con su mano. Empujó la puerta de vidrio, y salió a la solitaria calle. EL frio, la lluvia y el viento habían hecho huir a todas las personas a sus hogares, a disfrutar de la calidez de la estufa y compañía de alguien.

Camina despacio, con esa carga que sentía constantemente en su cuerpo, a cada paso que daba, a cada instante que se acercaba a su destino, esta se hacía más y más pesada. El ladrido de un perro, el movimiento de las hojas y algún ave que volaba por la noche, era el único sonido que emitía esa ciudad en pena.

El sentía como el agua circulaba por su pelo y rostro, mientras sus ropas se mojaban. Pero sus ojos grises solo veían ese objetivo por el cual había salido esa noche, y en su mente solo se encontraba el futuro que imaginaba.

Llego a la casa, paro sin ver, ya había estado ahí muchas veces, sintió que la vida le pasaba por delante, llenando de recuerdos ese momento, tratando de parar su decisión, pero poco duraba, y con el pestañeo de sus ojos, volvía esa mirada perdida en la tristeza.

Entra por la puerta de madera, y camina por el centro del jardín de entrada a la casa, el piso estaba lleno de agua, y el césped amarillo por las hojas que habían caído de los arboles. Poco se veía, solo un poco de luz asomaba la luna miedosa a través de las nubes, ella sabia qué iba a pasar, y un pequeño farol en la entrada de la casa.

Con temor, toca el timbre. Se prende una luz, la reconoció fácilmente, era esa luz que antes se prendía para él. Se abre la puerta, lentamente, y ella se muestra. Parecía un ángel, la luz de fondo insinuaba su silueta y sentía que le iluminaba el alma.

Se miraron por unos segundos, ella desde arriba del escalón, y no se decían nada. Estaba frio, como la mirada de ella que lo desalentaba fuertemente. Pero el no hacía nada, solo observaba.

Prendió un cigarrillo, y puso su mano sobre el bolsillo donde estaba el arma. La saco y miro, estaba reluciente. Era impensado que semejante belleza fuera un arma mortal, capaz de terminar una vida en pocos segundos.

Ella permanecía ahí, inmutada, pero su mirada era de miedo.

El rápidamente sube su brazo apuntando el arma. El reflejo de la luna en la misma, encandila la mirada de ella la cual cierra los ojos, probablemente por miedo. Ese instante fue eterno. Sentía como cada una de las gotas golpeaba su rostro y cuerpo, lastimándolo. Pero a su vez podía absorber con su brazo la vibración del arma debida a las mismas. La lluvia no quería que lo hiciera.

Ya apuntando a su objetivo, con un movimiento intempestivo, presiona el gatillo, en sus ojos estaba guardado ese momento, con ella delante de él como un ángel con los ojos cerrados, aterrada por el miedo.

El relámpago de la bala parecía que había sacado una foto de ese instante. De ese último segundo de vida.

Su cuerpo caída, mientras la sangre se regaba por el jardín. El cigarrillo ya se había apagado por al lluvia.

Ella seguía ahí, parada sin sentimientos a la vista. Solo su mente trataba de asimilar lo que había pasado. Pero entre tanta agua caída del cielo, una lágrima de ella se mezclo, con las tantas que él lloro mientras caída en un pozo sin retorno.

Sunday, June 07, 2009

Ella estaba ahí, sentada, delante de sus libros, de sus fotos y recuerdos. La cama sin hacer, las cortinas abiertas, dejaban pasar la tenue luz del sol de invierno. Sus cabellos dorados, emitían un resplandor especial, brillaban de una manera distinta esa mañana. Sus grandes ojos celestes, miraban a través de los cristales, el paisaje gris que ese crudo invierno proponía.

Sus pensamientos estaban en ese cielo, con las nubes, volando con sus sueños. Sueños que estaban cambiando. Momentos que estaban agonizando. El tiempo transcurría en esa mañana, y ella seguía ahí, mirando el presente, situada en el pasado que esa habitación le dejaba ver, pero sumida en un profundo transe, tratando de imaginar el futuro, queriendo escapar por esa ventana, dejar ese hermoso cuerpo, volar por el cielo, viajar, ser libre.

Analizaba cada uno de los momentos vividos, mientras calentaba el agua para preparse un té, y así seguir con su reflexión. Su teléfono no sonaba, su familia no estaba, y sentía una gran soledad constantemente, a pesar de saber que siempre estaba acompañada.

Entre el aroma del té, el humo del cigarrillo y las letras y dibujos que dejaba sobre un papel, ella pasaba sus mañanas. La hora del almuerzo era algo más de su vida cotidiana, hablando de las mismas cosas, discutiendo y escuchando las mismas palabras. La rutina la sofocaba y el encierro desnutría su alma poco a poco.

Ese día paso, pero se repetían constantemente y ella estaba desesperando en esa angustia que la consumía. Pero eso ya no volvería a repetirse. Ella saldría al sol. Esa tiniebla que marchitaba su divino ser, se estaba despejando, dejando ver su estrella y luz, que emanaba más viva que nunca dibujando en su perfecto rostro esa hermosa sonrisa que tanto gustaba. Caminaba por el barrio que la vio crecer. Sus miedos a salir al mundo iban desapareciendo con cada paso que daba, al igual que su paranoia y sus problemas.

No dejaba de pensar en los nuevos horizontes, en sus nuevos sueños y metas, con cada uno de esos pasos. Al principio, temerosos y lentos, pero cada uno le otorgaba más seguridad y velocidad. Sentía como su vida iba creciendo dentro de su ser, y como sus decisiones le iban abriendo el panorama. Se lo veía en su rostro, como la alegría se apoderaba del mismo.

Siguió caminando quien sabe cuánto tiempo, el mismo parecía eterno. A veces lentos, con ganas de volver, otras veces rápido decidida a conseguir su nuevo objetivo. Su vida estaba cambiando, y no estaba dispuesta a esperar que las cosas lleguen por si solas.

Los lúgubres y tristes lugares que antes frecuentaba, los veía de distinta manera, ya no eran sitios de penas y susurros, eran lugares donde su ser recobraba energía para armonizarse con su entorno y seguir con su camino hacia su nuevo destino.

Ella está creciendo en un mundo que no deja que te quedes quieto.

Ella finalmente se está encontrando a sí misma.

Esta siendo, después de mucho tiempo, feliz.

Thursday, April 30, 2009

La Rubia Delirante

Ella estaba sentada delante del espejo, como todas las noches, preparándose para salir al escenario y presentar su espectáculo.

Prepara sus ojos, esos ojos de color claro que impactan al público, con esa mirada penetrante y que tanto dicen, sin necesidad de las palabras que puedan surgir de sus labios. Su esbelto cuerpo, y sus bellas curvas, impactan a la vista de hombres y mujeres.

Cuando termina su producción, ya preparada para su entrada en escena, realiza su ultimo cambio, y se pone su peluca rubia larga, que siempre esta sobre la mesa, peinada y arreglada. Con ella se siente vestida, segura, libre, otra persona.

Se convierte en esa rubia delirante que todos conocen por fuera, pero que nadie entiende en esencia. Le da vida a esos sueños de grandeza cuando sale a la tarima a presentar sus obras, mostrar su arte.

Pero es una máscara, para su público, su vida, su alegría, pero también su paranoia y su agonía, le da esa capacidad de mostrar gran parte de su ser, pero solo encuentra miseria al volver a la soledad de su camarín cuando termina la función.

Sus expresiones, ya marcadas por el tiempo y el cansancio, se descubren con la luz del escenario, ese sitio que le hace olvidar sus penas y sus males, llenando su mundo de luces y aplausos.

Hace su trabajo sin pensarlo, realiza los mismo gestos y los mismos movimientos en el momento justo. Ya no le apasiona como antes, ella vive en su mundo, piensa en otras cosas, en el pasado por momentos, pero vuelve donde esta parada, para no sentir nostalgia y poder disfrutar de eso por lo que deja la vida.

Terminado el espectáculo, vuelve a sentarse en la silla delante del espejo, y comienza a quitarse todo el maquillaje, pero no se quita la peluca, no por el momento, no quiere volver a ser ella misma, le cuesta, le da temor.

Sin embargo, el tiempo es tirano, e inevitable. Pone un poco de música para iluminar sus sentidos e ir con su mente a otros lugares, con otra gente, otras épocas. Salir de su apoplejía debida a la rutina, conociendo gente sin intereses, paseando con su copa y cigarrillo por las fiestas y cenas, por lunas y soles, con todo en sus manos, dignas de alguien que triunfa en ese frívolo mundo.

La vida de una persona que pasa el tiempo para los demás, en esos días imparciales, pero el de ella se marchita y no encuentra salida alguna, tampoco esa alegría que tanto busca, y genera en los demás.

Va de lugar en lugar, practicando su acto, mostrando sus cualidades, mintiendo con su peluca, pero ante todo, sigue con esa necedad y engaño a sí misma.

Encuentra el placer en pequeños momentos de colores, que satisfacen su resentimiento y la ayudan a dejar este mundo por unos minutos, flotando por sobre su cuerpo, su alma es libre, o al menos así se siente. Lo que no es capaz de comprender, es la terquedad de continuar de esa manera y no afrontar el problema, ella sentía que no era la persona que alguna vez se soñó.

En las idas y vueltas entre este y su mundo paralelo, lleno de personas amigables y lugares como cuadros de Van Gogh, pinturas en el horizonte, ella se aísla mas y mas. Su tiempo en la tarima, las luces y aplausos, que le hacían funcionar el corazón, sintiendo que la sangre circulaba por sus venas, que la hacían sentir viva, ya no es mas que una parte de su pasado, y actualmente, una carga a su alma desolada.

Esta noche quiere ir nuevamente a ese paraíso que en su mente habita, pero ya no quiere volver. No desea seguir viviendo en esa nostalgia, esperando algo que nunca llega. Flota en la inconsciencia de saber que termina una etapa, pero sin conocer que en realidad acaban todas.

Esa rubia delirante, hoy hizo su ultimo acto, su ultima puesta en escena. Mañana amanecerá, para los demás, la persona que nunca quiso ser.

“Los finales felices solo existen en las películas, espero que sea uno de esos”, fue lo ultimo que escribió en su diario.

J. A. Cebreiro

Wednesday, April 22, 2009

Un Paraiso

Desperté en una forma apacible. Sentía el aroma del saumerio, la tranquilidad del lugar, el ruido de los pájaros y una sensación de armonía y dulzura que nunca había sentido en mi tiempo de vida.
No sé donde estoy, no recuerdo lo que hice la noche anterior y ni tampoco como llegué ahí. Me sentía frio, pero la calidez del momento era tan grande que poco me importaba. La habitación estaba de un color naranja, aunque sus paredes eran de madera, creo que era el crepúsculo, aunque no estoy seguro en qué momento del día.
Me levante y comencé a ver la habitación. No era muy grande, el techo era de paja, o de algún material parecido. A los pies de la cama, contra la pared, había una pequeña biblioteca, con unos pocos libros en ella y una vieja radio. A su derecha, sobre el pasillo, una mesa de madera con una silla. Me acerqué a ella, levantándome de la cama, que tan cómoda era, sentía que me abrazaba y me contenía, como la cama de mi niñez en la que soñé durante tantos años. Cuando llego a la mesa veo una máquina que llenó de nostalgia y alegría mi alma. Era la máquina de mis ensueños, la que escucho mis penas y alegrías. Aquella que siempre estuvo sin omitir opiniones, pero que tantas conclusiones realizó conmigo. Ella con sus letras poco que nada dicen, pero que tantos sentimientos plasman. Ella mi gran amiga, junto a mi soledad, que siempre me acompaña.
Seguí mi camino, como si conociera el lugar desde siempre, sin pensar en nada, saque una tasa, llene la tetera de agua y puse a calentar el agua. Quería tomar un té, para tratar de recordar que había hecho el día anterior y como es que había llegado hasta ahí. Abrí la puerta de la alacena y encontré muchas variedades de té, de tantos lugares distintos, tantas especias. Comencé a abrir las cajas para sentir su aroma. Cuanto placer me daba eso. Elegí un té chino, que siempre me gusto, desde el día que me lo hizo probar mi mamá, que hacía ya mucho tiempo no veía. Busque azúcar, pero no había, pero me importo poco, fue solo un acto reflejo, yo no la uso y no había nadie a quien ofrecérsela. Sentí el zumbido de la tetera, ya estaba hirviendo el agua. Apagué la hornalla y me dispuse a tomar ese delicioso té. Traté de ver a través de la ventana, pero poco se veía, era todo de un color rojo cobrizo, mezclado con una neblina. Parecía la bruma del mar.
Me apoye contra la mesada y mientras disfrutaba del olor de las especias y el sabor de las mismas, vi delante mío una mesa con una silla y un pequeño y viejo televisor. Me acerque para ver que había en las noticias, pero cuando lo enciendo había una película, una de mis favoritas, había empezado hace poco. Así que me senté con mi té a disfrutarlo. Me sentía tan tranquilo, tan contento, mi ser se sentía lleno.
Termino la película y me sentía muy cansado, el té había calentado mis frías manos mientras lo tomaba. Me levante y fui nuevamente a la habitación. Prendí la pequeña radio que estaba en la biblioteca, había música tranquila, de relajación. Decidí tomar uno de los libros, era el momento ideal para leer algo, dejarme llevar a esos mundos de fantasía y aventuras. Veo los títulos de los mismos, y encuentro uno que había leído muchas veces, que siempre me gusto, que tanto me enseñó. Lo tome entre mis manos como si fuera un ser vivo, algo muy frágil, era realmente especial para mí, era “El Principito”, y nuevamente sentí nostalgia y alegría.
Me acosté en la cama, leí el prologo, ese prologo que tanto me gustó. Pero el cansancio era cada vez más y más grande. Miré a mí alrededor y nuevamente era el crepúsculo. Yo sentía que habían pasado horas, hasta días, pero juzgando el momento, no parecía que hubiera pasado un segundo, ese momento del día parecía eterno.
Me recosté pensando que estaba en el paraíso, o que era un hermoso sueño. No estaba seguro de cuál de los dos. Lo único que sabía en mi interior, es que iba a volver.
Juan Andres Cebreiro.

Tuesday, April 21, 2009

Me gustaría no perder la inocencia, esa inocencia que nos permite soñar y pensar que las cosas pueden cambiar, que el mundo es un jardín y nuestro lugar para jugar.
Me gustaría llegar a viejo y pensar que viví pleno y bajo mis convicciones, que nunca traicione mis principios, que siempre fui yo mismo, o al menos que traté de hacerlo.
Así no tener pesadillas.
Desearía poder elegir mi destino, aunque si me pongo a pensar un poco, no sé cual sería.
Espero muchas sorpresas, crecer un poco todos los días, aprender algo nuevo y conocer gente distinta. Poder llenar mi tiempo de vida, con experiencias únicas.
Ayudar a la mayor cantidad de gente posible, robándole una sonrisa o dándole un lindo momento.
Trataría de ser más pasional y menos calculador, evitar ser tan frío.
Espero algún día llegar a todo esto, poder leer estas palabras y saber que no me equivoque, o al menos que hice lo que pude.
Que pueda dormir tranquilo por las noches.

Juanciten

Gracias M.H.V.

Thursday, February 05, 2009

A Bea

Hoy te escribo a vos, y no sabes cuanto te extraño.

Cada vez que te veo, siento un nudo en el estomago, y la melancolía y las ganas de llorar se apoderan de mi, y me cuesta mantener la compostura.

Son esas charlas que tuvimos, y todas esas que nunca vamos a tener, son las que mas extraño. Tu apoyo incondicional y esa sonrisa que siempre me hicieron tan bien,  que durante mucho tiempo no supe disfrutar o apreciar. Y ahora que no estas, me doy cuenta de todo lo que perdí.

Ya paso un tiempo de tu partida y siento que las cosas pasaron ayer; no puedo creer que te hayas ido tan lejos, y que nadie te haya podido acompañar en ese viaje.

Los momentos que vivimos, las imágenes que te tienen grabadas, quedarán siempre en la memoria de todos. A mi me marcaste la vida, siendo vos parte de mi persona, solo espero que estés orgulloso de mi y sepas que aunque no pude despedirme, siempre te voy a querer y te voy a guardar en mi mente, tratando todos los días de ser alguien mejor y que cuando nos veamos de nuevo mas que un adiós, sea un bienvenido.

A vos Bea te escribo esto, te quiero y te extraño mucho. Algún día nos volveremos a ver en un lugar mejor sin penas ni sufrimientos.

J. A. Cebreiro

Su Desdicha

Era temprano en la mañana y ella se levantaba nuevamente a realizar sus quehaceres, molesta consigo misma por tener esa rutina que la sofoca y por no haber podido seguir sus instintos para superar sus miedos; miedos que la llevaron a esa vida que actualmente la consume y marchita su juventud, su cuerpo, su mente.

Hubo un tiempo en que era plena, caminaba por las calles con la soberbia en la mirada, con el ego en su postura, con la seguridad de creer saber quien era. Pero el tiempo fue pasando, sus amores cambiando, sus amigos perdiendo, y su felicidad agotando.

No se encontraba a si misma, lo que una vez fue bello y esplendoroso, hoy ya no lo era, las cosas por las que pasaba su tiempo, ya eran banales y sin sentido. Esa persona que no supo aprovechar en su momento ya no estaba, y nunca mas lo estaría.

Pasaba las noches tratando de colmar esas ansias de volver el tiempo atrás para reconstruir su historia, para tomar las decisiones correctas, para no tener que equivocarse para sufrirlas después. Ella no estaba donde alguna vez pensó estar, no tenia lo que alguna vez soñó, no era la imagen ni la persona que se imaginaba en la niñez.

Pero esa mañana algo cambio en ella, algo modifico el aire que respiraba. Abrió las ventanas, y entro a su habitación una brisa de primavera que le roso su rostro y acarició su cuerpo, dándole una sensación de libertad y alegría, que hacia mucho tiempo que no sentía.

Recordó buenos momentos de su pasado, prendió su computadora, y sin saber porqué, empezó a escribir. Sin pensar en nada, las palabras fluían de sus manos, no entendía que escribía, no en ese momento, pero tenia la necesidad de hacerlo y la convicción para generarlo.

Pasó tiempo, y ella, como saliendo de un transe, comenzó a leer lo que había escrito. Las horas habían pasado como pasa el tren por la estación. Pero cuando empieza a leer, se detiene y apaga la computadora. Lo que había leído, no le hizo bien. “No se porqué, pero te extraño…” es lo que pudo registrar en su mente.

El miedo se apoderó de su cuerpo y pensamientos. No sabía que hacer, pero la nostalgia comenzó a hacer efecto. En el dilema de su vida, de su naturaleza humana, entendió finalmente el problema de raíz.

En un primer momento, luego de analizar la circunstancia, se lloró a si misma descargando esa ira, ese remordimiento que tenia en la sangre. Lo cual le dio fuerza y entendió que por fin, podía superar su desdicha.

Hoy no es la misma, pudo quitarse ese peso de encima para finalmente ser feliz a su manera y aceptar que su destino era estar ahí, en ese momento. Que las cosas pasaron por algo, que los recuerdos no son dolorosos, sino algo lindo que nos ayuda a pasar los momentos de tristeza y soledad.

Hoy ella se va  a acostar pensando que mañana será finalmente un nuevo día.

J. A. Cebreiro

El Escape

Él vivía en una ciudad chata, con pocos edificios, donde el cielo y el crecimiento se veían limitados por la realidad; de la cual él quería escapar.

Cansado de estar siempre por debajo de las expectativas, agotado de que siempre le pidan más, sin importar cuanto daba; descreído de la hipocresía de las palabras ajenas, que solo opinaban sobre su vida, y no se preguntaban el porque o que era lo que necesitaba, el no se sentía acompañado, sino criticado.

Su tiempo era extraño para él mismo, a veces pasaba muy rápido, otras, parecía que estaba congelado, como algunas partes de su cuerpo; que por momentos saco al sol, para solo ser lastimado o simplemente ignorados.

Estupefacto con todo lo que pasaba a su alrededor, se sentía un espectador de su propia historia, que no tenia la posibilidad muchas veces de elegir, que las decisiones que tomaba siempre eran juzgadas y tratadas como si fueran simples y meras cosas; porque todos tenían el derecho ser jueces, sin ser capaces de analizar las cosas.

Ya agobiado por toda la situación, deseaba escapar, se encerraba en sus pensamientos, se dedicaba soñar despierto con algo mejor; solo necesitaba irse, para no sentir más esa presión que llevaba en los hombros, esa mochila que ya le era insoportable de sostener, esconderse de todos y cada uno. Escribir en soledad, que era su única amiga, y así no sentirse atacado por sus pensamientos, sentimientos y deseos.

Realmente se le hacia cada vez mas difícil levantarse por las mañanas, y no sentir esa carga. La fatiga emocional era muy grande, pero no deseaba que lo supieran, no quería ser parte de un problema; necesitaba encontrar la solución de manera precisa y urgente pero él solo, dejando de lado a los demás que normalmente lo desilusionaban. Ya no quería eso para él, para ellos, porque ya sentía enojo por esa desilusión paulatina que iba sufriendo.

Con el pasar del tiempo, dejó de caminar por las calles que solía, fue desapareciendo de a poco de ese lugar que tanto le había dado. Ya no se lo veía por las calles iluminadas, con la soberbia en su andar; había desaparecido.

Se dice que vaga por calles oscuras y solitarias, en ciudades de luces y estrellas. Siguió escribiendo todo aquello que sentía, empezó a hacer lo que alguna vez quiso y no pudo. Se dedico a ser el mismo. Pero se perdió para todos los demás como el humo del cigarrillo se esfuma en el aire.

Él hoy, debe ser la persona que siempre quiso ser.

J. A. Cebreiro

Otro Día

El pasaba su tiempo buscando algo que nunca llegaba, estaba cansado y solo, y a pesar de todo el esfuerzo que realizaba para no sentirse así, no conseguía llegar a su plenitud, no alcanzaba esa felicidad que tanto buscaba.

Su tiempo transcurría caminando por lugares solitarios, por calles oscuras, que le permitieran ver y sentir la oscuridad y el silencio, él no quería escuchar a nadie, no deseaba ni quería la protección de alguien, él quería superar sus paradigmas que tanto lo atormentaban, él quería estar simplemente solo, para quitarse esa imagen que tenía grabada en sus pupilas y que veía en todo momento.

Se daba cuenta que las cosas no las había superado por completo, que por más que completara su tiempo de vida con cosas efímeras, pasaba sus noches escribiendo, tratando de darle forma con palabras a las cosas que le pasaban, pero sin embargo, solo lograba entrar en la nostalgia de no poder llegar a ser lo que pensó algún día sería, entrando en las penumbras solo con sus letras e historias.

A pesar del tiempo que haya pasado, él la seguía buscando en un océano de caras y voces sin rostros ni palabras, desdibujados y mezclados por el humo y el alcohol, en una ciudad de luces que no dormía, al igual que él, que no podía por el miedo que su amiga soledad le generaba,  pero seguía buscando sin saber quien era, esperando una señal que le indique el camino, que lo ayude a pasar por esos lugares fríos y solitarios; para así encontrar ese sitio que tanto desea, la calidez de ese momento que añora, y así colmar esas ansias de sentirse completo, sentirse finalmente bien.

Sin embargo para él, las cosas no cambiaban, sentía que le faltaba el aire, que ya no podía estar en ese lugar que lo vio crecer, que tenia que volar hacia nuevos rumbos, para madurar, tener nuevas oportunidades,  conocer otra realidad, y tal vez encontrar eso que tanto buscaba y en ese lugar no encontraba. Realizarse con sus fantasías, poder encontrar eso por lo que él necesita hacer todo, encontrar la cara de estas palabras,  reconocer por quien escribe y así dejarse llevar por narraciones, y dejar de escribir de un mundo que no lo satisface, del cual está cansado de escuchar que tiene todo para dar.

Son estas situaciones las que le tocan vivir todos los días, por suerte no solo para él, lo cual le da tranquilidad, y serenidad, para poder continuar todos los días su camino. Es su ego lo que le permite cada día levantarse, es su orgullo lo que necesita para crecer, él que durante tanto tiempo se jacto de sus actos y su soberbia que lo mantenía erguido, ya no son más que la sombra de alguien azotado por la realidad, doblegado por ansiedad, desilusionado con el entorno; y solo encuentra refugio en las noches junto a su pluma y papel.

Es siniestro el destino, que no lo deja conocer cual será el futuro, y solo le permite mirar hacia atrás y recordar esos momentos, que muchas noches lo atormentan aún hoy.

Fue su pasado el que lo marco a fuego, siendo la persona de es hoy, analizando cada una de las situaciones, cometiendo errores que le duelen, pero los sigue cometiendo solo para tratar de ser cada vez más frio y que cada vez le importe menos. Pero lamentablemente para él, eso no resulta, y solo provoca más temores y angustias, haciendo que de a poco se valla alejando más y más de las cosas que quiere y tiene, pero que la ceguera no lo deja ver.

Muchas noches se esconde en los brazos de otras personas, únicamente para no sentirse solo, tratando de borrar de su mente, de sus pensamientos y sueños, aquello que siempre viene, y que tanto mal le hace. Se dio cuenta que es imposible hacerlo de esa manera para él, que es algo que tiene que pasar solo, que los brazos de un amante, no son mas que la brisa del otoño, que lo acaricia pero avisa de la llegada del pronto invierno.

Hoy él sigue escribiendo, sigue buscando, porque sabe que lo va a encontrar, recorrerá el cielo en búsqueda de las estrellas, para que lo guíen  en su camino, esperando el sol en todo su esplendor, que llegará para sacarlo de esa penumbra y pueda así escribir y soñar despierto con sus nuevos dioses.