Thursday, February 05, 2009

A Bea

Hoy te escribo a vos, y no sabes cuanto te extraño.

Cada vez que te veo, siento un nudo en el estomago, y la melancolía y las ganas de llorar se apoderan de mi, y me cuesta mantener la compostura.

Son esas charlas que tuvimos, y todas esas que nunca vamos a tener, son las que mas extraño. Tu apoyo incondicional y esa sonrisa que siempre me hicieron tan bien,  que durante mucho tiempo no supe disfrutar o apreciar. Y ahora que no estas, me doy cuenta de todo lo que perdí.

Ya paso un tiempo de tu partida y siento que las cosas pasaron ayer; no puedo creer que te hayas ido tan lejos, y que nadie te haya podido acompañar en ese viaje.

Los momentos que vivimos, las imágenes que te tienen grabadas, quedarán siempre en la memoria de todos. A mi me marcaste la vida, siendo vos parte de mi persona, solo espero que estés orgulloso de mi y sepas que aunque no pude despedirme, siempre te voy a querer y te voy a guardar en mi mente, tratando todos los días de ser alguien mejor y que cuando nos veamos de nuevo mas que un adiós, sea un bienvenido.

A vos Bea te escribo esto, te quiero y te extraño mucho. Algún día nos volveremos a ver en un lugar mejor sin penas ni sufrimientos.

J. A. Cebreiro

Su Desdicha

Era temprano en la mañana y ella se levantaba nuevamente a realizar sus quehaceres, molesta consigo misma por tener esa rutina que la sofoca y por no haber podido seguir sus instintos para superar sus miedos; miedos que la llevaron a esa vida que actualmente la consume y marchita su juventud, su cuerpo, su mente.

Hubo un tiempo en que era plena, caminaba por las calles con la soberbia en la mirada, con el ego en su postura, con la seguridad de creer saber quien era. Pero el tiempo fue pasando, sus amores cambiando, sus amigos perdiendo, y su felicidad agotando.

No se encontraba a si misma, lo que una vez fue bello y esplendoroso, hoy ya no lo era, las cosas por las que pasaba su tiempo, ya eran banales y sin sentido. Esa persona que no supo aprovechar en su momento ya no estaba, y nunca mas lo estaría.

Pasaba las noches tratando de colmar esas ansias de volver el tiempo atrás para reconstruir su historia, para tomar las decisiones correctas, para no tener que equivocarse para sufrirlas después. Ella no estaba donde alguna vez pensó estar, no tenia lo que alguna vez soñó, no era la imagen ni la persona que se imaginaba en la niñez.

Pero esa mañana algo cambio en ella, algo modifico el aire que respiraba. Abrió las ventanas, y entro a su habitación una brisa de primavera que le roso su rostro y acarició su cuerpo, dándole una sensación de libertad y alegría, que hacia mucho tiempo que no sentía.

Recordó buenos momentos de su pasado, prendió su computadora, y sin saber porqué, empezó a escribir. Sin pensar en nada, las palabras fluían de sus manos, no entendía que escribía, no en ese momento, pero tenia la necesidad de hacerlo y la convicción para generarlo.

Pasó tiempo, y ella, como saliendo de un transe, comenzó a leer lo que había escrito. Las horas habían pasado como pasa el tren por la estación. Pero cuando empieza a leer, se detiene y apaga la computadora. Lo que había leído, no le hizo bien. “No se porqué, pero te extraño…” es lo que pudo registrar en su mente.

El miedo se apoderó de su cuerpo y pensamientos. No sabía que hacer, pero la nostalgia comenzó a hacer efecto. En el dilema de su vida, de su naturaleza humana, entendió finalmente el problema de raíz.

En un primer momento, luego de analizar la circunstancia, se lloró a si misma descargando esa ira, ese remordimiento que tenia en la sangre. Lo cual le dio fuerza y entendió que por fin, podía superar su desdicha.

Hoy no es la misma, pudo quitarse ese peso de encima para finalmente ser feliz a su manera y aceptar que su destino era estar ahí, en ese momento. Que las cosas pasaron por algo, que los recuerdos no son dolorosos, sino algo lindo que nos ayuda a pasar los momentos de tristeza y soledad.

Hoy ella se va  a acostar pensando que mañana será finalmente un nuevo día.

J. A. Cebreiro

El Escape

Él vivía en una ciudad chata, con pocos edificios, donde el cielo y el crecimiento se veían limitados por la realidad; de la cual él quería escapar.

Cansado de estar siempre por debajo de las expectativas, agotado de que siempre le pidan más, sin importar cuanto daba; descreído de la hipocresía de las palabras ajenas, que solo opinaban sobre su vida, y no se preguntaban el porque o que era lo que necesitaba, el no se sentía acompañado, sino criticado.

Su tiempo era extraño para él mismo, a veces pasaba muy rápido, otras, parecía que estaba congelado, como algunas partes de su cuerpo; que por momentos saco al sol, para solo ser lastimado o simplemente ignorados.

Estupefacto con todo lo que pasaba a su alrededor, se sentía un espectador de su propia historia, que no tenia la posibilidad muchas veces de elegir, que las decisiones que tomaba siempre eran juzgadas y tratadas como si fueran simples y meras cosas; porque todos tenían el derecho ser jueces, sin ser capaces de analizar las cosas.

Ya agobiado por toda la situación, deseaba escapar, se encerraba en sus pensamientos, se dedicaba soñar despierto con algo mejor; solo necesitaba irse, para no sentir más esa presión que llevaba en los hombros, esa mochila que ya le era insoportable de sostener, esconderse de todos y cada uno. Escribir en soledad, que era su única amiga, y así no sentirse atacado por sus pensamientos, sentimientos y deseos.

Realmente se le hacia cada vez mas difícil levantarse por las mañanas, y no sentir esa carga. La fatiga emocional era muy grande, pero no deseaba que lo supieran, no quería ser parte de un problema; necesitaba encontrar la solución de manera precisa y urgente pero él solo, dejando de lado a los demás que normalmente lo desilusionaban. Ya no quería eso para él, para ellos, porque ya sentía enojo por esa desilusión paulatina que iba sufriendo.

Con el pasar del tiempo, dejó de caminar por las calles que solía, fue desapareciendo de a poco de ese lugar que tanto le había dado. Ya no se lo veía por las calles iluminadas, con la soberbia en su andar; había desaparecido.

Se dice que vaga por calles oscuras y solitarias, en ciudades de luces y estrellas. Siguió escribiendo todo aquello que sentía, empezó a hacer lo que alguna vez quiso y no pudo. Se dedico a ser el mismo. Pero se perdió para todos los demás como el humo del cigarrillo se esfuma en el aire.

Él hoy, debe ser la persona que siempre quiso ser.

J. A. Cebreiro

Otro Día

El pasaba su tiempo buscando algo que nunca llegaba, estaba cansado y solo, y a pesar de todo el esfuerzo que realizaba para no sentirse así, no conseguía llegar a su plenitud, no alcanzaba esa felicidad que tanto buscaba.

Su tiempo transcurría caminando por lugares solitarios, por calles oscuras, que le permitieran ver y sentir la oscuridad y el silencio, él no quería escuchar a nadie, no deseaba ni quería la protección de alguien, él quería superar sus paradigmas que tanto lo atormentaban, él quería estar simplemente solo, para quitarse esa imagen que tenía grabada en sus pupilas y que veía en todo momento.

Se daba cuenta que las cosas no las había superado por completo, que por más que completara su tiempo de vida con cosas efímeras, pasaba sus noches escribiendo, tratando de darle forma con palabras a las cosas que le pasaban, pero sin embargo, solo lograba entrar en la nostalgia de no poder llegar a ser lo que pensó algún día sería, entrando en las penumbras solo con sus letras e historias.

A pesar del tiempo que haya pasado, él la seguía buscando en un océano de caras y voces sin rostros ni palabras, desdibujados y mezclados por el humo y el alcohol, en una ciudad de luces que no dormía, al igual que él, que no podía por el miedo que su amiga soledad le generaba,  pero seguía buscando sin saber quien era, esperando una señal que le indique el camino, que lo ayude a pasar por esos lugares fríos y solitarios; para así encontrar ese sitio que tanto desea, la calidez de ese momento que añora, y así colmar esas ansias de sentirse completo, sentirse finalmente bien.

Sin embargo para él, las cosas no cambiaban, sentía que le faltaba el aire, que ya no podía estar en ese lugar que lo vio crecer, que tenia que volar hacia nuevos rumbos, para madurar, tener nuevas oportunidades,  conocer otra realidad, y tal vez encontrar eso que tanto buscaba y en ese lugar no encontraba. Realizarse con sus fantasías, poder encontrar eso por lo que él necesita hacer todo, encontrar la cara de estas palabras,  reconocer por quien escribe y así dejarse llevar por narraciones, y dejar de escribir de un mundo que no lo satisface, del cual está cansado de escuchar que tiene todo para dar.

Son estas situaciones las que le tocan vivir todos los días, por suerte no solo para él, lo cual le da tranquilidad, y serenidad, para poder continuar todos los días su camino. Es su ego lo que le permite cada día levantarse, es su orgullo lo que necesita para crecer, él que durante tanto tiempo se jacto de sus actos y su soberbia que lo mantenía erguido, ya no son más que la sombra de alguien azotado por la realidad, doblegado por ansiedad, desilusionado con el entorno; y solo encuentra refugio en las noches junto a su pluma y papel.

Es siniestro el destino, que no lo deja conocer cual será el futuro, y solo le permite mirar hacia atrás y recordar esos momentos, que muchas noches lo atormentan aún hoy.

Fue su pasado el que lo marco a fuego, siendo la persona de es hoy, analizando cada una de las situaciones, cometiendo errores que le duelen, pero los sigue cometiendo solo para tratar de ser cada vez más frio y que cada vez le importe menos. Pero lamentablemente para él, eso no resulta, y solo provoca más temores y angustias, haciendo que de a poco se valla alejando más y más de las cosas que quiere y tiene, pero que la ceguera no lo deja ver.

Muchas noches se esconde en los brazos de otras personas, únicamente para no sentirse solo, tratando de borrar de su mente, de sus pensamientos y sueños, aquello que siempre viene, y que tanto mal le hace. Se dio cuenta que es imposible hacerlo de esa manera para él, que es algo que tiene que pasar solo, que los brazos de un amante, no son mas que la brisa del otoño, que lo acaricia pero avisa de la llegada del pronto invierno.

Hoy él sigue escribiendo, sigue buscando, porque sabe que lo va a encontrar, recorrerá el cielo en búsqueda de las estrellas, para que lo guíen  en su camino, esperando el sol en todo su esplendor, que llegará para sacarlo de esa penumbra y pueda así escribir y soñar despierto con sus nuevos dioses.