Thursday, April 30, 2009

La Rubia Delirante

Ella estaba sentada delante del espejo, como todas las noches, preparándose para salir al escenario y presentar su espectáculo.

Prepara sus ojos, esos ojos de color claro que impactan al público, con esa mirada penetrante y que tanto dicen, sin necesidad de las palabras que puedan surgir de sus labios. Su esbelto cuerpo, y sus bellas curvas, impactan a la vista de hombres y mujeres.

Cuando termina su producción, ya preparada para su entrada en escena, realiza su ultimo cambio, y se pone su peluca rubia larga, que siempre esta sobre la mesa, peinada y arreglada. Con ella se siente vestida, segura, libre, otra persona.

Se convierte en esa rubia delirante que todos conocen por fuera, pero que nadie entiende en esencia. Le da vida a esos sueños de grandeza cuando sale a la tarima a presentar sus obras, mostrar su arte.

Pero es una máscara, para su público, su vida, su alegría, pero también su paranoia y su agonía, le da esa capacidad de mostrar gran parte de su ser, pero solo encuentra miseria al volver a la soledad de su camarín cuando termina la función.

Sus expresiones, ya marcadas por el tiempo y el cansancio, se descubren con la luz del escenario, ese sitio que le hace olvidar sus penas y sus males, llenando su mundo de luces y aplausos.

Hace su trabajo sin pensarlo, realiza los mismo gestos y los mismos movimientos en el momento justo. Ya no le apasiona como antes, ella vive en su mundo, piensa en otras cosas, en el pasado por momentos, pero vuelve donde esta parada, para no sentir nostalgia y poder disfrutar de eso por lo que deja la vida.

Terminado el espectáculo, vuelve a sentarse en la silla delante del espejo, y comienza a quitarse todo el maquillaje, pero no se quita la peluca, no por el momento, no quiere volver a ser ella misma, le cuesta, le da temor.

Sin embargo, el tiempo es tirano, e inevitable. Pone un poco de música para iluminar sus sentidos e ir con su mente a otros lugares, con otra gente, otras épocas. Salir de su apoplejía debida a la rutina, conociendo gente sin intereses, paseando con su copa y cigarrillo por las fiestas y cenas, por lunas y soles, con todo en sus manos, dignas de alguien que triunfa en ese frívolo mundo.

La vida de una persona que pasa el tiempo para los demás, en esos días imparciales, pero el de ella se marchita y no encuentra salida alguna, tampoco esa alegría que tanto busca, y genera en los demás.

Va de lugar en lugar, practicando su acto, mostrando sus cualidades, mintiendo con su peluca, pero ante todo, sigue con esa necedad y engaño a sí misma.

Encuentra el placer en pequeños momentos de colores, que satisfacen su resentimiento y la ayudan a dejar este mundo por unos minutos, flotando por sobre su cuerpo, su alma es libre, o al menos así se siente. Lo que no es capaz de comprender, es la terquedad de continuar de esa manera y no afrontar el problema, ella sentía que no era la persona que alguna vez se soñó.

En las idas y vueltas entre este y su mundo paralelo, lleno de personas amigables y lugares como cuadros de Van Gogh, pinturas en el horizonte, ella se aísla mas y mas. Su tiempo en la tarima, las luces y aplausos, que le hacían funcionar el corazón, sintiendo que la sangre circulaba por sus venas, que la hacían sentir viva, ya no es mas que una parte de su pasado, y actualmente, una carga a su alma desolada.

Esta noche quiere ir nuevamente a ese paraíso que en su mente habita, pero ya no quiere volver. No desea seguir viviendo en esa nostalgia, esperando algo que nunca llega. Flota en la inconsciencia de saber que termina una etapa, pero sin conocer que en realidad acaban todas.

Esa rubia delirante, hoy hizo su ultimo acto, su ultima puesta en escena. Mañana amanecerá, para los demás, la persona que nunca quiso ser.

“Los finales felices solo existen en las películas, espero que sea uno de esos”, fue lo ultimo que escribió en su diario.

J. A. Cebreiro

Wednesday, April 22, 2009

Un Paraiso

Desperté en una forma apacible. Sentía el aroma del saumerio, la tranquilidad del lugar, el ruido de los pájaros y una sensación de armonía y dulzura que nunca había sentido en mi tiempo de vida.
No sé donde estoy, no recuerdo lo que hice la noche anterior y ni tampoco como llegué ahí. Me sentía frio, pero la calidez del momento era tan grande que poco me importaba. La habitación estaba de un color naranja, aunque sus paredes eran de madera, creo que era el crepúsculo, aunque no estoy seguro en qué momento del día.
Me levante y comencé a ver la habitación. No era muy grande, el techo era de paja, o de algún material parecido. A los pies de la cama, contra la pared, había una pequeña biblioteca, con unos pocos libros en ella y una vieja radio. A su derecha, sobre el pasillo, una mesa de madera con una silla. Me acerqué a ella, levantándome de la cama, que tan cómoda era, sentía que me abrazaba y me contenía, como la cama de mi niñez en la que soñé durante tantos años. Cuando llego a la mesa veo una máquina que llenó de nostalgia y alegría mi alma. Era la máquina de mis ensueños, la que escucho mis penas y alegrías. Aquella que siempre estuvo sin omitir opiniones, pero que tantas conclusiones realizó conmigo. Ella con sus letras poco que nada dicen, pero que tantos sentimientos plasman. Ella mi gran amiga, junto a mi soledad, que siempre me acompaña.
Seguí mi camino, como si conociera el lugar desde siempre, sin pensar en nada, saque una tasa, llene la tetera de agua y puse a calentar el agua. Quería tomar un té, para tratar de recordar que había hecho el día anterior y como es que había llegado hasta ahí. Abrí la puerta de la alacena y encontré muchas variedades de té, de tantos lugares distintos, tantas especias. Comencé a abrir las cajas para sentir su aroma. Cuanto placer me daba eso. Elegí un té chino, que siempre me gusto, desde el día que me lo hizo probar mi mamá, que hacía ya mucho tiempo no veía. Busque azúcar, pero no había, pero me importo poco, fue solo un acto reflejo, yo no la uso y no había nadie a quien ofrecérsela. Sentí el zumbido de la tetera, ya estaba hirviendo el agua. Apagué la hornalla y me dispuse a tomar ese delicioso té. Traté de ver a través de la ventana, pero poco se veía, era todo de un color rojo cobrizo, mezclado con una neblina. Parecía la bruma del mar.
Me apoye contra la mesada y mientras disfrutaba del olor de las especias y el sabor de las mismas, vi delante mío una mesa con una silla y un pequeño y viejo televisor. Me acerque para ver que había en las noticias, pero cuando lo enciendo había una película, una de mis favoritas, había empezado hace poco. Así que me senté con mi té a disfrutarlo. Me sentía tan tranquilo, tan contento, mi ser se sentía lleno.
Termino la película y me sentía muy cansado, el té había calentado mis frías manos mientras lo tomaba. Me levante y fui nuevamente a la habitación. Prendí la pequeña radio que estaba en la biblioteca, había música tranquila, de relajación. Decidí tomar uno de los libros, era el momento ideal para leer algo, dejarme llevar a esos mundos de fantasía y aventuras. Veo los títulos de los mismos, y encuentro uno que había leído muchas veces, que siempre me gusto, que tanto me enseñó. Lo tome entre mis manos como si fuera un ser vivo, algo muy frágil, era realmente especial para mí, era “El Principito”, y nuevamente sentí nostalgia y alegría.
Me acosté en la cama, leí el prologo, ese prologo que tanto me gustó. Pero el cansancio era cada vez más y más grande. Miré a mí alrededor y nuevamente era el crepúsculo. Yo sentía que habían pasado horas, hasta días, pero juzgando el momento, no parecía que hubiera pasado un segundo, ese momento del día parecía eterno.
Me recosté pensando que estaba en el paraíso, o que era un hermoso sueño. No estaba seguro de cuál de los dos. Lo único que sabía en mi interior, es que iba a volver.
Juan Andres Cebreiro.

Tuesday, April 21, 2009

Me gustaría no perder la inocencia, esa inocencia que nos permite soñar y pensar que las cosas pueden cambiar, que el mundo es un jardín y nuestro lugar para jugar.
Me gustaría llegar a viejo y pensar que viví pleno y bajo mis convicciones, que nunca traicione mis principios, que siempre fui yo mismo, o al menos que traté de hacerlo.
Así no tener pesadillas.
Desearía poder elegir mi destino, aunque si me pongo a pensar un poco, no sé cual sería.
Espero muchas sorpresas, crecer un poco todos los días, aprender algo nuevo y conocer gente distinta. Poder llenar mi tiempo de vida, con experiencias únicas.
Ayudar a la mayor cantidad de gente posible, robándole una sonrisa o dándole un lindo momento.
Trataría de ser más pasional y menos calculador, evitar ser tan frío.
Espero algún día llegar a todo esto, poder leer estas palabras y saber que no me equivoque, o al menos que hice lo que pude.
Que pueda dormir tranquilo por las noches.

Juanciten

Gracias M.H.V.